Qué difícil es olvidarte, olvidarnos.

Dejar ir todo aquello que te brinde y no fue suficiente. Sentir tus labios en los míos aun en la soledad, desear con ansias volver a tocar con mis dedos la suave textura de tu piel, mirar tus labios tan carnosos que siempre anhelaron ser besados.

Olvidar nuestra historia seria matar una parte de mí que no quiere irse, aunque en ti nunca haya existido, sentirme aquello efímero como aquellos amantes que pasaron antes de mí y que no dudaste en ocultar, pero como el tiempo los amantes dejan huellas, así como deje las mías en ti esperando que alguna vez, en algún instante recuerdes quien fui para ti. Que recuerdes el sabor de mis labios en los tuyos, mi lengua acariciando tu sexo, sintiéndome tan tuya como tu mío. Porque si alguna vez nos pertenecimos uno al otro, mis pensamientos vagamente me prohíben olvidarte, dejarte ir en mi mente, en mi cuerpo y mis labios sería nada menos que un suicidio al cual no quiero recurrir.

Olvidarnos no es tan fácil, suelo escuchar tus latidos al dormir, siento tus caricias cuando duermo, y siento como puñaladas los te amo que me decías al oído para que no pudiera olvidar aquello que sentías por mí.

¿Y qué difícil no? Soltarte al vacío al de la desilusión, de la desesperanza. Donde jamás volverá a existir un nosotros ni siquiera en el sonido dulce de tu voz, cada palabra que escribo recordando aquello que fuimos es como sentir una daga que en vez de salir se adentra más a mi piel sin intención de dejar de doler. Y es que verte de forma tan natural como ya no me recuerdas, no ansias estar conmigo me hace cuestionarme si alguna vez de verdad estuvimos juntos, si todo aquello no fue sino una pura imaginación de esta alma que ha ansiado siempre unas cálidas manos que la acaricien, unos besos dulces que le llenen de amor, que le deseen, así como se quiere el agua cuando se tiene sed, el desierto en espera de una llovizna.

Tan efímero nuestra pasión y tan complicado olvidarte… olvidarnos.

Como nos sentíamos uno debajo del otro, rozando nuestras pieles ardientes de pasión, de placer de frenesí, de deseo, con ganas de sucumbir hasta en el últimos de tus caprichos esos que alguna vez también fueron míos desde el día que te conocí.

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